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Política01 de abril de 2026 · 5 min de lectura

BOLIVIA ATRAPÓ A MARSET: EL ESPEJO INCÓMODO QUE URUGUAY NO QUERÍA VER

Bolivia capturó al narco Marset. El mismo que Uruguay dejó irse con pasaporte en mano. El espejo incómodo.

Por Redacción PaperUY

Foto: cottonbro studio / Pexels
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Bajada: Mientras Bolivia logra capturar al narco Sebastián Marset —que Uruguay dejó escapar con pasaporte en mano—, Irak elimina a la selección boliviana del repechaje mundialista. Una semana para el olvido en La Paz, que sin embargo le dice mucho a Montevideo.


Qué pasó

La semana pasada Bolivia concentró la atención regional por dos motivos muy distintos. En lo deportivo, la selección boliviana quedó eliminada de la clasificación al Mundial 2026 tras caer 2-1 ante Irak en el partido de repechaje intercontinental disputado en Monterrey, México. Los asiáticos clasificaron así a su primera Copa del Mundo en 40 años, dejando a Bolivia fuera de la cita máxima del fútbol mundial.

En paralelo, y en el terreno que más le compete a Uruguay, trascendió que Bolivia logró capturar a Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo con uno de los prontuarios más vergonzantes para la institucionalidad de nuestro país. Marset, buscado por Interpol y vinculado al crimen organizado transnacional, había logrado obtener un pasaporte uruguayo en circunstancias que comprometieron directamente al gobierno del Frente Amplio y generaron una crisis diplomática con Paraguay.

La captura —reportada por medios regionales— renueva la pregunta que muchos uruguayos ya no quieren escuchar: ¿cómo fue posible que Bolivia, un país con instituciones más débiles y mayores índices de corrupción según los rankings internacionales, haya podido hacer lo que Uruguay no hizo?


Qué se sabe y qué no

Lo confirmado es que Marset obtuvo un pasaporte uruguayo mientras estaba detenido en Dubai, en un proceso que involucró gestiones ante el Ministerio de Relaciones Exteriores durante la administración frenteamplista. Eso no es materia de disputa: está documentado, fue objeto de investigaciones parlamentarias y costó cargos políticos.

Lo que sigue siendo materia de debate es el alcance exacto de las responsabilidades. ¿Fue negligencia? ¿Fue algo peor? Las investigaciones avanzaron, pero las condenas políticas nunca fueron proporcionales al escándalo. El Frente Amplio cerró filas, minimizó el daño y pasó de página con la velocidad que solo se permite quien controla el relato.

Respecto a la captura en Bolivia, los detalles operativos todavía están siendo confirmados por medios locales y regionales. No está claro en qué circunstancias exactas se produjo la detención ni cuál será el proceso de extradición. Lo que sí está claro es que la noticia llegó y que su impacto simbólico es demoledor para quienes sostuvieron durante años el mito de Uruguay como país excepcional en materia de institucionalidad y lucha contra el crimen organizado.

En cuanto al partido de repechaje, los hechos son contundentes: Irak ganó 2-1, con goles que sellaron una historia de resurrección futbolística para los asiáticos. Bolivia, que ya venía de una pésima campaña en las Eliminatorias Sudamericanas, no pudo con la presión del partido único y se despide de toda chance mundialista para 2026.


Por qué importa

El caso Marset no es un episodio aislado ni una anécdota diplomática. Es una radiografía de lo que puede pasar cuando el Estado uruguayo —ese Estado que el Frente Amplio expandió, engordó y llenó de cuadros políticos— no funciona como debería o, peor aún, funciona para quien no debería.

Para el ciudadano común, el mensaje es directo: un narco buscado internacionalmente consiguió que el aparato estatal uruguayo le facilitara documentación. Y después se fue. Y hubo que esperar a que Bolivia —Bolivia— lo atrapara.

Eso duele. Y debe doler, porque significa que la reputación internacional de Uruguay como país serio, predecible y confiable no es una conquista permanente. Es algo que se cuida o se pierde. Y en este caso, se perdió un trecho importante.

Para Uruguay también importa en clave futura: el gobierno de Yamandú Orsi acaba de asumir con el Frente Amplio de vuelta en el poder. El escándalo Marset es herencia del período anterior de esa misma fuerza política. La pregunta legítima es si las lecciones fueron aprendidas o si simplemente se espera que el tiempo borre la memoria.

En lo deportivo, la eliminación de Bolivia en el repechaje es un recordatorio de que América del Sur sigue siendo la región futbolística más exigente del planeta. Clasificar al Mundial desde Sudamérica es una hazaña; perder el repechaje ante Irak, una selección que no participaba en un Mundial desde 1986, es el epítome de una crisis futbolística profunda en el altiplano.

Para Uruguay, que clasificó directamente con margen, el contraste es positivo —aunque no hay que dormirse en los laureles de cara al torneo.


Fuentes


✍️ Opinión editorial

Bolivia capturó a Marset. Dejemos que eso resuene un momento.

No lo capturó el país que le dio el pasaporte. No lo capturó el país cuyo gobierno gestionó documentación para un narco con orden de Interpol encima. Lo capturó Bolivia, mientras acá el Frente Amplio todavía procesa cómo fue que todo aquello "pasó solo".

La excepcionalidad uruguaya no es un dato de la naturaleza. Es el resultado de instituciones que funcionan, de funcionarios que no miran para el costado y de una cultura política que pone el Estado al servicio de todos, no de los propios. Cuando eso falla —y en el caso Marset falló de manera escandalosa— la caída es más dura precisamente porque la vara estaba alta.

Orsi gobierna con el mismo partido que protagonizó este episodio. Mínimo que se exige: que no repita la historia.